martes, 27 de septiembre de 2016

LA TEORÍA DEL ETIQUETAMIENTO O “LABELLING APPROACH” DE HOWARD BECKER. EL CAMBIO DEL PARADIGMA.RICARDO ANTONIO VEREAU MONTENEGRO.ABOGADO POR LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL PERÚ.


I. Introduccion

Hasta mediados del siglo pasado, el estudio del fenómeno de la conducta desviada se encontraba anclado a las concepciones positivistas, que limitaban el objeto del análisis –centrándolo exclusivamente en  el desviado, el antisocial, las motivaciones del comportamiento antisocial o desviado, etc.- y determinaban además el método del análisis. – basado en la observación y la descripción del fenómeno, de carácter causal-explicativo.-  Se concebía al delincuente como una suerte de “entidad patológica” ante la cual la sociedad organizada en base a los inmutables valores que debía preservar a toda costa, debía actuar a fin de encontrar las razones de la patología,  y aplicar el remedio. Tal ha sido( y es) la base ideológica fundamental de las políticas estatales dirigidas exclusivamente a la corrección del problema criminal, aplicando penas y sanciones con cada vez mayor severidad y violencia.

Sin embargo, tal sustento doctrinario comenzó a declinar cuando los estudios sociológicos pusieron en tela de juicio  la imagen estática de la organización social, establecida a base del sometimiento  individual a las reglas establecidas por el grupo.

La teoría del  “labelling approach” también llamada de la reacción social o del “etiquetamiento”, revolucionó en su momento los círculos intelectuales al otorgar relevancia a los mecanismos de control de la sociedad como los auténticos creadores de la conducta antisocial, en abierta oposición a los estudios imperantes que, volcados en el estudio del delincuente, no prestaban atención a los problemas del control social, ni cuestionaban las definiciones otorgadas por las normas, ni criticaban el funcionamiento del sistema ni la aplicación normativa a la realidad social.

Por el contrario, el objeto central del análisis del fenómeno criminal en el “etiquetamiento” es precisamente la acción del control social, su comportamiento selectivo y su impacto en el sujeto sobre el que actúan. Su campo de estudio se centró en este nivel. En tal sentido, su aporte en una concepción cabal del proceso por el cual una persona va estructurando un comportamiento contrario a las normas establecidas ha sido valiosísimo. 
Si bien en su momento se le hicieron, y aún pueden hacérsele hoy, diversas observaciones,  su impacto en la evolución del pensamiento criminológico es, y sigue siendo, trascendental.  Al estudio de estas teorías centradas en el estudio de los mecanismos del control social antes que en el estudio de la motivaciones de la conducta antisocial, está dirigido el presente trabajo.
II. RESPECTO AL CONCEPTO DE “CONTROL SOCIAL”.

Los sociólogos definen el Control Social como una extensión del proceso de socialización, mediante el cual una persona aprende y se conduce conforme lo que se  considerada “adecuado” para su sistema social.  Como lo anota Joseph Fichter, para actuar 
“....hace presión sobre las personas para que se conformen con las pautas, papeles, relaciones e instituciones que son considerados de alto valor en la cultura.” Su acción,-y esto es oportuno recalcar- no se restringe al concepto estatal únicamente. “La sociedad contemporánea conoce y teme el poder dominante del Estado sobre los individuos. Sin embargo, las exigencias de la institución política en la mayoría de las sociedades son de hecho indirectas e impersonales. Mucho más poderosa es la influencia de otros grupos, y es un axioma que los pequeños grupos primarios ejercen sobre el comportamiento individual mayor y más directo control que las grandes asociaciones secundarias”.[1]

El control social no tiene un solo nivel de acción, en función pluralidad- individuo. Existe un control inverso; el jefe ejerce su influencia sobre el grupo para que se allane a los valores que fomenta o representa. Existe también la presión de grupos  sobre la totalidad de la sociedad, como es el caso de algunas minorías políticas o los llamados “grupos de presión económica”.

La distinción básica entre los tipos de control social es la siguiente:

-Controles Formales: Los que el sistema elabora cuidadosamente, son promulgados solemnemente y son de carácter obligatorio para todo aquél que se  encuentre de algún modo subordinado a la autoridad que establece la norma. De tal tipo son las Leyes, decretos reglamentos, etc.
-Controles informales: Son de tipo más sutil y se usan para imponer un comportamiento acorde con las prescripciones del sistema social.
En tal área de acción, podemos encontrar otros tipos de control:
-Control de grupo, que es ejercido por la totalidad sobre sus integrantes  para mantener su cohesión interna. Tiene varios niveles: el familiar y educativo, el económico y político, el recreativo y religioso.
-Control Institucional, que es el que ejerce el grupo sobre la totalidad social, repitiendo comportamientos establecidos y desarrollando en otros la progresiva aceptación a tales comportamientos.
De otra parte las pautas de comportamiento establecido y aceptado por la sociedad, deben ser comunicadas a aquellos que están obligados a mantenerlas. Sin una efectiva comunicación, y en varios niveles,  el control social no tendría forma de llevar a cabo su misión. Se requiere que las reglas consideradas básicas o fundamentales, sean internalizadas por todos los miembros. Esto se logra mediante mecanismos de carácter formal, como son las órdenes o mandatos emanados del Estado o de la autoridad (Leyes, decretos) o mediante mecanismos indirectos o informales, como el proceso educativo, la publicidad y la propaganda.

Como podemos apreciar, el control social de carácter informal cumple un rol trascendental para establecer los motivos o intereses que llevan al poder político a crear la imagen de la criminalidad. La instancia familiar produce esquemas de comportamiento en el individuo; los miembros de la familia reciben roles sociales que se espera sean cumplidos a cabalidad. El proceso educativo en sus primeros años está generalmente construido en base a conceptos como “obediencia” y “disciplina”, defendiendo el modelo social preeminente a través de su estructura. Los medios de comunicación, por su parte, imponen modelos de comportamiento por medio de la publicidad.
En tal sentido, es válida la conclusión de Villavicencio Terreros:

                        “Las sanciones penales son sólo un medio de control social, y probablemente, ni siquiera el más importante.” [2]

 III. LA  TEORIA DEL ETIQUETAMIENTO, DE LA REACCION SOCIAL  O DEL “LABELLING APPROACH”.

Como ya se ha expresado, esta concepción afirma que la conducta delictiva es el resultado del proceso de “rotulación” o “etiquetamiento” que efectúa la misma sociedad, y no una enfermedad o degradación de ella. En las siguientes líneas intentaremos desarrollar sus fundamentos más importantes.

3.1.  Principales Antecedentes.

Tiene sus antecedentes en dos tendencias de la sociología norteamericana:

a)    Interaccionismo simbólico,
b)    Etnometodología.

-El Interaccionismo Simbólico,  considera que la realidad social se forma por interacciones concretas entre individuos, a quienes un proceso de tipificación confiere un significado que es abstraído  de las situaciones concretas y se extiende por medio del lenguaje.
Esta corriente, fundamentada al igual que las anteriores en la filosofía fenomenológica, pone énfasis en la interacción de los individuos y en la interpretación de estos procesos de comunicación. De tal manera, no presta mucha atención a las estructuras sociales, a los sistemas y a las relaciones funcionales, sino al mundo de significados de los símbolos dentro del cual actúan los sujetos.
El método está basado en la interpretación de las acciones a partir de los elementos que se encuentran en la situación social a estudiar. Los fundadores más importantes son: Cooley (1909 Social organization), George H.Mead (1934, Mind, Self and Society), Blumer (1969, Symbolic interaccionism, perspectiva and method), y Thomas (en: Zllderveld, 1973, De theorie van bet symbolisch interaccionisme).

 Los fundamentos teóricos más importantes son:

·     La alienación del sentido de la comunicación cotidiana, contraria a la búsqueda de identidad y del importante papel que juega en la sociedad la empatía (capacidad de ponerse en el lugar de otro).

·    La realidad social se explica a través de las interacciones de los individuos y grupos sociales (en este sentido se opone al determinismo social). Para interpretar la actuación de los grupos e individuos no es suficiente estudiar su comportamiento visible, sino también es relevante considerar su conciencia y sus pensamientos como parte de sus actuaciones (contrario al conductismo).
Esta visión está basada en la concepción teórica del hombre, a la vez producto y productor de su realidad social. La interpretación, el sentido de las acciones, es resultado de las interacciones que tienen una intencionalidad y un objeto; este sentido es objetivo en la medida en que la interpretación es intersubjetiva. Se llega a la interpretación de que una situación es real si los involucrados la definen como tal (pragmatismo). Los hombres construyen la verdad, es decir, la verdad no existe, por sí como tal.


El método de esta corriente se puede caracterizar como el estudio de los casos comparativos (véase Glaser y Strauss, 1967). No parte de teorías globales, sino de conceptos relevantes para analizar los casos particulares. A través de las investigaciones comparativas y de la visión y conceptualización precisas, se intenta construir teorías que sean relevantes para las acciones participativas.

El interaccionismo simbólico busca, más que los dos métodos anteriormente mencionados, conjugar la teoría analítica deductiva y la investigación empírico-inductiva, procurando investigar la realidad en su complejidad sin reducirla a lo que el investigador científico" cree como esencial. No obstante, el énfasis queda en los procedimientos inductivos del método empírico. El mismo trabajo de investigación es una interacción simbólica entre el investigador y los sujetos de la investigación. Esta concepción se desarrolló con los aportes de Herbert Blumer y sus colegas de la llamada Escuela de Chicago. 

Los interaccionistas simbólicos consideran que el ser humano es básicamente distinto del resto de los animales. Mientras que los animales actúan en respuesta a otros objetos y acontecimientos a partir del instinto o del condicionamiento previo, los seres humanos adoptan una actitud o comportamiento sobre los objetos a partir de los significados que estos objetos tienen para ellos. Los significados surgen a través de la interacción social con los demás. Los significados son comprendidos como productos sociales. 
La conducta humana no es causada de un modo determinado predefinido por fuerzas internas. La conducta es causada por una interpretación reflexiva y derivada de la cultura de los estímulos internos o externos presentes. Sin duda es G.H. Mead el sociólogo más destacado de esta tendencia, entre otras cosas porque rompió con las nociones mecánicas y pasivas del yo y de la conciencia. 
Para Mead tanto el yo como la conciencia son creaciones sociales de la vida cotidiana. Mead estaba preocupado por analizar las pautas de interacción, los actos sociales que constituían la base de la sociedad humana. La realidad no es un dato fijo sino que es cambiante a medida que los actores crean nuevos roles y nuevos significados, definiendo su situación de diferentes maneras, todas las cuales son reales para ellos.

Blumer ha criticado el empleo exclusivo de variables en la investigación social, lo que reduce los sujetos a factores en vez de actores que construyen o dan sentido a su realidad social en términos pluriformes y dinámicos.

- Por su parte, la Etnometodología, o Interaccionismo Neosimbólico, considera que los significados del comportamiento son construidos y reconstruidos por el hombre común durante su quehacer cotidiano. La realidad social es producto de esta “construcción social”.
Este enfoque hace hincapié en la interpretación y también en la transformación de la realidad social y en el actuar creativo de los sujetos.
La etnometodología es especialmente desarrollada por Garfinkel (1967: Studies in Ethnomethodology) y Cicoruel (1964: Method and measurement in sociology) y está enfocada a las maneras en que la gente comparte (en el sentido comunicativo) los hechos, procesos y acontecimientos sociales.

El énfasis en los estudios etnometodológicos se centra en los acontecimientos cotidianos y las influencias del conocimiento común en las ciencias humanas.
Las investigaciones en este contexto se realizan a nivel micro y parten del supuesto de que el comportamiento humano es, en gran medida, racional. El interés no se halla en el análisis funcional de las normas sociales, sino en los procesos en los que la gente organiza sus actuaciones en la vida cotidiana.

Se intenta analizar el sentido del comportamiento y las relaciones socio-culturales de las expresiones, normas, reglas y códigos que emplea la gente. Las personas emplean el lenguaje cargándolo de sentido; no se socializa únicamente, sino "crea" acciones en un contexto social. La producción y la reproducción de las relaciones sociales también en la forma institucionalizada de las organizaciones, conforman los procesos centrales de estudio. Esta es más notable en los trabajos de Berger y Luckman, (en: Turner, R. Ed. 1974. Ethnomethodology selected readings) quienes caracterizan los procesos de institucionalización en la sociedad como dialécticos. Ellos indican la relación estrecha de la cultura (religión, lengua, arte) con los cambios en la sociedad global. En este sentido la etnometodología cobra importancia para el estudio de la educación de adultos en los procesos de desarrollo en las sociedades latinoamericanas.

La etnometodología se preocupa por descubrir los procedimientos que utilizan los actores para hacer el mundo inteligible. Es el estudio del cuerpo de conocimientos de sentido común y de la gama de procedimientos y consideraciones por medio de los cuales los miembros corrientes de la sociedad dan sentido a las circunstancias en las que se encuentran, hallan el camino a seguir en esas circunstancias y actúan en consecuencia. Los etnometodólogos se centran en la acción, acción a la que conciben en tanto implica y entraña un actor reflexivo. 

Critican algunas teorías sociológicas, por ejemplo, el funcionalismo estructural y el marxismo estructural, que consideran al actor como un "imbécil desprovisto de juicio". Se puede comprender en qué consiste la Etnometodología a partir de la definición de Garfinkel, quien considera que los hechos sociales constituyen el fenómeno sociológico fundamental, sin embargo, estos hechos difieren considerablemente de los de Durkheim. Para este último los hechos sociales son externos y coercitivos para los individuos. Para Garfinkel los hechos existen a nivel micro.

La etnometodología se ocupa de la organización de la vida cotidiana. Los hechos sociales son el resultado del esfuerzo concertado de las personas en su vida cotidiana. El orden social se deriva, al menos parcialmente, de la reflexividad (término que debe entenderse como el proceso en el que estamos todos implicados para crear la realidad social mediante nuestros pensamientos y nuestras acciones) de las personas. 
Es decir, los etnometodólogos rechazan la idea de que el orden se deriva meramente de la conformidad a las normas. Es la conciencia del actor de sus opciones, así como su capacidad de anticipar cómo van a reaccionar los otros a lo que ellos dicen y hacen, lo que dispone el orden en el mundo cotidiano.
Los sociólogos acuden a su interior para analizar qué procesos tienen lugar. El método de investigación más utilizado es la observación participante. Al contrario que el cuantitativismo funcionalista considera como no-real lo cuantificable. Rechaza, por considerarlos reificantes, los análisis macrosociológicos.

Una de las críticas a la etnometodología es que no logra cuestionar el orden y los conflictos sociales de los sistemas existentes. La decodificación de la información de los individuos no conduce a la explicación de los procesos sociales. 
Con el método participativo comparte la crítica a los métodos burocráticos y estadísticos y a la pretensión de la interpretación de realidades desconocidas, a través de un lenguaje sofisticado que, muchas veces, está lejos de entender la problemática de los grupos investigados. Por otra parte tienen diferencias, por su empleo de procedimientos exclusivamente inductivos, su carácter funcionalista y su renuencia a la teoría para lograr la praxis.

            -Por su parte, FRANK TANNENBAUM  acuñó el término “dramatizacion of evil” (“dramatización de la realidad”) que designaba la manera en que se aplicaba públicamente a un persona una etiqueta deshonrosa. Este proceso de reacción social determina futuros comportamientos y además condiciona el concepto que el sujeto se forma respecto a su papel en el sistema. Las reacciones y definiciones sociales sobre ciertas formas de conducta son indispensables para el surgimiento del comportamiento desviado, que se modela a través del conflicto de valores que se produce entre quien rompe las reglas y el resto de la comunidad.

      -A su vez, Edwin LEMERT  realiza un importante aporte a estas Teorías, al considerar que la asignación de un significado antisocial o desviado a un acto determinado se producen por interacción informal o a través de instituciones formales de control social.  Existe una desviación “primaria” que por los procesos estigmatizantes subsiguientes se convierte en una desviación “secundaria” como medio de defensa, ataque o adaptación ante los conflictos creados por la reacción de la sociedad oponiéndose a la primigenia desviación. 
Son pues, fundamentalmente dos las cuestiones: primero, como surge el comportamiento desviado, y segundo,  como se ligan simbólicamente los actos desviados, y cuales son las consecuencias para la posterior conducta del sujeto. La reacción del entorno negativa hacia su conducta, origina que el individuo finalmente se identifique con el  papel que el entorno le ha otorgado, e inicie su carrera delictiva.

3.2. La teoría de la rotulación o “labelling approach según el enfoque de  HOWARD S. BECKER.

Es considerado como el auténtico sistematizador y el mayor representante de la teoría del etiquetamiento. En su obra “Outsiders: Studies of the Sociology of desviance”, (1963) expone lo siguiente:

“...deviance is not a quality of the act of a person commits, but rather a consequence of the application by others of rules and sanction to an “offender” The deviant .is one to whom the label has successfully been applied; deviant behaviour is behaviour that people so label.” [3]

Es decir, la desviación no es una cualidad del acto cometido por la persona; es más bien, una consecuencia de la aplicación por parte de otros de las reglas y sanciones a este ofensor. El desviado es alguien a quien esta etiqueta le ha sido aplicada con éxito, el comportamiento desviado es el que la gente ha establecido o“etiquetado” como tal.
La conducta desviada o criminal surge verdaderamente en el momento en que la sociedad establece reglas que definen que comportamiento es aceptado y cuál no lo es.
Para Becker, que tan “desviada” es una conducta, depende en qué tanto lo vea el entorno de esta manera. No se trata de una  simple cualidad  presente en algunos tipos de conducta y no en otros.  

La misma conducta puede ser una infracción a las reglas  en alguna circunstancia y no serlo en otra; puede ser considerada infracción cuando es cometida por una persona pero no cuando la comete otra;  algunas reglas se violan impunemente y otras no. Que tan “desviado es un acto no es solamente consecuencia de la naturaleza del acto (en la medida que viole o no determinada regla) sino que precisa de una efectiva reacción contraria de la comunidad. 
El definir un comportamiento como antisocial involucra cómo responde el resto de la comunidad a la conducta. En esta concepción teórica, como bien anota Villavicencio Terreros,”...la conducta desviada es el resultado de un proceso de interacción que tiene lugar entre la acción que se cuestiona y la reacción de otros individuos.”[4] El objeto central del análisis  es la definición de la criminalidad, que se hace en las circunstancias ya mencionadas.
Ahora bien, después de  haber sido definidas las normas y delimitada de tal forma la criminalidad, debe tomarse en cuenta el hecho que la sola violación de éstas no ocasiona la calificación de un comportamiento como antisocial o desviado, como se ha anotado en los párrafos anteriores.  La fijación de las normas debe combinarse con la percepción del entorno social. Becker plantea la siguiente tipología:

Tipos de comportamiento desviado ( Deviant Behavior)

CONDUCTA OBEDIENTE
(Obedient Behavior)
CONDUCTA INFRACTORA
(Rule-breaking Behavior)

PERCIBIDO COMO DESVIADO 
(Perceived as deviant)

Equivocadamente incriminado
(Falsely Accused)

Netamente desviado
(Pure deviant)

NO PERCIBIDO COMO DESVIADO
(Not perceived as deviant)

Conformista
(Conforming)

Secretamente desviado
(Secret deviant)


 Se considera de importancia esta “diferenciación” o categorización de la desviación” por ser necesaria para una completa explicación de tal conducta. Por cierto,  Becker se apresura a acotar que esta clasificación debe ser usada en un entorno en el cual exista un código de normas ya establecido; no será efectiva en una sociedad compleja en la cual exista más de un código aplicable a la misma persona y situación.
 Dentro de su esquema sociológico conflictual, en el cual los grupos sociales están siempre tratando de imponer sus reglas a otros, una importante cuestión salta a la vista: :

”... Who can, in fact, force others to accept their rules and what are the causes of their success? This is, of course, a question of political and economic power”. (“¿Quien puede, de hecho,  forzar a otros a aceptar sus reglas y que ocasiona que tengan éxito? Esta es, por supuesto, una cuestión de poder político y económico.”)[5]

Becker apreció que en  Estados Unidos de Norteamérica los negros  tienen reglas  hechas por gente de raza aria; los inmigrantes o integrantes de una etnia diferente siempre tenían reglas diseñadas para ellos por la minoría protestante anglosajona. Igualmente la clase media norma lo que debe llevarse a cabo por los que pertenecen a clases más bajas. Simplemente, porque tienen preeminencia sobre el resto de la comunidad, ya sea por riqueza o por tener a su lado algún tipo de fuerza coercitiva.

Sobre este fundamento eminentemente político, se explica el comienzo (pero no el origen) de las carreras delictivas. Sin dar demasiada importancia a las motivaciones internas, Becker afirma que no hay razón válida para asumir que solamente los que efectivamente incurren en un acto desviado son los que sienten el impulso de perpetrarlo. En tal sentido, antes que preguntarse porque hay gente que tiene impulsos criminales, hay que preguntarse porqué existe gente que no cede a estos impulsos. El desarrollo normal de la Sociedad puede ser visto como una secuencia progresiva de mandamientos en pro de instituciones  y nuevas convencionales sociales. 

La persona “normal” que descubre en sí un impulso desviado, puede sopesar las consecuencias que le acarrearían el ceder al mismo. Un adolescente clasemediero reprime su impulso de abandonar la secundaria porque su futuro ocupacional depende de que tenga una instrucción completa. Igualmente, el adulto de posición social establecida reprime su interés en las sustancias tóxicas o su beneficio pecuniario por temor a perder lo ganado: familia, trabajo, reputación etc. Por el contrario, quien no tiene una reputación  o una posición que mantener no tiene porqué refrenar sus impulsos.  De tal manera, la sumisión se produce por temor  a la reacción del entorno, que viene a ser temor a la sanción, o finalmente, temor al poder.
  
Ahora bien; ¿cómo se crea en el sujeto el patrón criminal, es decir, no el acto aislado sino la conducta habitualmente habitual o desviada? Aquí viene -no antes- la actuación del aprendizaje. Quien está primaria mente involucrado en el proceso de convertirse en un marginal  (“Outsider”,  como lo denomina Becker)  de primera mano no puede reconocer los beneficios o placeres que produce el quebrar las normas establecidas. Necesita, por tanto, ser avisado de ellas. 
Paso crucial en el inicio de la carrera delictiva, como ya se ha mencionado párrafos arriba, es tener la experiencia efectiva de ser señalado, “ marcado” , “etiquetado”  o “rotulado” como antisocial o desviado, es decir, se ha revelado , para la sociedad como una persona distinta a la que se conocía anteriormente. Esto trae drásticas consecuencias para la posterior  participación social del sujeto, así como para con la imagen que posea de sí mismo.

“To be labelled a criminal one need only commit a single criminal offense, and this is all the term formally refers to..(...).One recieves the status as a result of breaking a rule, and  the identification proves to be more important than most of others. One will be identified as a deviant first before other identifications are made. The cuestion is raised: what kind of person would break such an important rule? And the answer is given: One who is different from the rest of  us, who cannot act as a moral human being and therefore break another important rules. The deviant identification becomes the controlling one.” [6]

Solamente se requiere cometer un acto criminal o antisocial para que el fenómeno de “estigmatización” se inicie. La reacción social es fácilmente graficable :”Quién sería capaz de hacer eso?”  Solamente alguien diferente, que no puede vivir como el resto. La identidad criminal pasa a tener control absoluto y definitivo.
Ante esta circunstancia, ¿Cuál es el siguiente paso para el ya “etiquetado”? Buscar a otros que compartan su condición. Los grupos de marginales se organizan, de tal manera, en torno a su marginalidad, que los ha separado del resto. Becker recurre constantemente al ejemplo de los homosexuales, ejemplo que resulta a la fecha particularmente actual, si tomamos en cuenta la acción de las Comunidades y Movimientos de homosexuales en América y Europa, los cuales plantean reivindicaciones al Estado y van ganando terreno progresivamente.
Ahora bien, que tan completa es  esta teoría, o en todo caso, que tan bien logra explicar el fenómeno de la criminalidad en la sociedad, precisa de un análisis que efectuaremos a continuación.

IV. ANALISIS CRÍTICO DE LA TEORIA DEL “ETIQUETAMIENTO”.

La Teoría del “etiquetamiento” o “labelling approach” tuvo gran aceptación en los círculos intelectuales y progresistas norteamericanos durante la década del sesenta. Sin embargo, el avance de las sociedades  en América latina durante las décadas subsiguientes puso en tela de juicio gran parte de sus razonamientos y conclusiones. Villavicencio Terreros sintetiza las críticas planteadas de la siguiente forma:
..la perspectiva del etiquetamiento se desatiende de la desviación primaria (de las causas que conducen al comportamiento desviado), cae en un determinismo (la etiqueta siempre conduce a la desviación y con ello se ignora que la desviación puede ser una opción para el sujeto), la perspectiva del etiquetamiento es idealista y que esa perspectiva desconoce la cuestión del poder pues sólo presta atención al mecanismo del etiquetamiento.”[7]

Por su parte, Francisco Alonso Pérez, citando a García-Pablos de Molina, sintetiza las críticas correspondientes de la siguiente forma:

·         “No dice nada respecto a la existencia y explicación de una conducta socialmente no deseada, que oficialmente no se caracteriza como delito y que, además tampoco pretende cambiarla.

·         No ofrece, pues, respuesta al problema de la desviación misma ni se preocupa de problemas básicos, como los de control y prevención del delito o la resocialización del delincuente.


·         Parece interesada sólo por describir y criticar la acción del control penal y de sus instancias criminalizadoras, prescindiendo de toda referencia valorativa.

·         Por último, apenas presta interés a los denunciantes y a las víctimas.” [8]

En efecto, el método de análisis utilizado por el “labelling aproach” enfatiza  la observación sobre la acción y reacción del entorno social a la conducta  desviada, expresados a través de los mecanos del Control Social. 
Como operan estos mecanismos es fundamental, porque son los que atribuyen el la condición de criminal al individuo. En esta concepción, es trascendental la dialéctica grupo-individuo, y la acción del poder político y económico. A mi entender, sin embargo, esto ha ocasionado una polarización de sus puntos de vista. 

Su observación parece demasiado sesgada a la acción formal del control social. Muy poco o nada se analiza de la acción y reacción de controles de tipo informal, cuya acción, como ya hemos apreciado a lo largo del tema, es generalmente mucho más importante en el medio social y de mayor efecto y presión sobre el individuo. 
En efecto, encontramos referencias a la acción del poder, al castigo, a la penalización de la conducta.......pero casi ninguna referencia a la acción del medio familiar, de la religión o de la “mass media” (de tanto poder precisamente en su propio país, Estados Unidos de Norteamérica). Aún más.... ¿que hay de la educación recibida por el sujeto desde sus primeros años? ¿No es este acaso un aspecto de alguna importancia para el control social?

Esta polarización del análisis queda evidenciada cuando Becker llega al punto de explicar las motivaciones iniciales de aquél que muestra una conducta “inadecuada” a los cánones del sistema imperante. Sencillamente evita tratar la cuestión, y sostiene su análisis de forma negativa, centrándose en observar a quien se niega a seguir sus impulsos criminales por temor a la reacción del entorno. 
Correcto, pero la pregunta sigue en pie: ¿porqué unos siguen sus impulsos criminales y porqué otros no? ¿Porqué algunos tuvieron temor suficiente  al castigo y porqué otros vencieron su temor? Becker intentaría responder: porque algunos tienen más que perder que otros. Otra vez correcto...pero esto no responde la cuestión. Finalmente, aceptando sus razonamientos, siempre queda esta pregunta: 

¿por qué existen los impulsos criminales?........

De tal manera, se hace evidente que la teoría que formula carece de una explicación coherente de la conducta criminal. Es bastante completa al dar una explicación de las motivaciones “posteriores” del individuo ya  “rotulado”, “etiquetado” “marcado” o, en fin “tachado” como antisocial. Pero no explica las motivaciones iniciales del desviado.

Aún mas, al explicar la conducta delictiva como resultado de un proceso de estigmatización efectuado por los poderosos de la sociedad, se logra un  acertado análisis de la conducta de los criminales “tradicionales”, pero poco ayuda esta definición a explicar comportamientos criminales “evolucionados”, que no encajan en el esquema del individuo con impulsos antisociales sujeto o dependiente del poder del Estado. 

Cabe aquí, precisamente, otra pregunta incómoda ¿Qué ocurre con la delincuencia efectuada por quienes, precisamente, detentan el mando? ¿Cómo delinque aquél de una posición política o económica predominante en el medio? Infortunadamente, sobran casos en nuestra realidad social......y Howard Becker no nos ayuda a explicar este fenómeno. Al tratar las causas de la delincuencia económica o de “cuello blanco”, Alejandro Solís Espinoza anota  que ..las hipótesis comprensivo-explicativas de la delincuencia tradicional y común, no podrían ser aplicables en forma idéntica a esta “ criminalidad dorada” o de los poderosos.” En tal sentido, la concepción del “etiquetamiento social  “...aplicada a la delincuencia económica no explica tanto su existencia como su cifra negra (desconocida).[9]

Respecto a este punto, Elena Larrauri anota:

“Es cierto que los teóricos del etiquetamiento mencionan el poder, pero este análisis no se desarrolla ulteriormente, ni se nos indica quién es, ni como opera. (..) Sitúan el énfasis en las consecuencia que  importa para el desviado la etiqueta, el cambio que éste experimenta en su identidad, pero se desentienden del interés que tiene el poder para ejecutar este proceso de etiquetamiento.” [10]

Las fisuras en el esquema teórico de la “rotulación” se hace aún más evidente cuando Becker  plantea su tipología del comportamiento desviado, e incluye al denominado “desviado secreto”. La incongruencia salta a la vista. De ser cierto que la conducta antisocial depende de la reacción social, no queda clara la existencia de esta tipología. 
Sin quererlo, Becker está admitiendo que hay algo más en la creación del comportamiento desviado que la sola  estigmatización del entorno social. Mejores resultados al respecto había obtenido  Robert Merton dentro de su concepción de la “anomia social”, al definir la conducta innovadora, como aquella efectuada por el individuo que es parte y hasta soporte del sistema, pero que para lograr sus fines de enriquecimiento utiliza métodos rechazados por la sociedad.

Por otra parte, no resulta clara la razón por la cual Becker considera irremisible el inicio de una carrera delincuencial en el individuo que cedió a sus impulsos desviados y recibió la sanción del sistema social y después fue encasillado como antisocial. 
Según su análisis, este individuo buscará el amparo de otros en su misma situación, y pasará a integrar el grupo de los profanos u “outsiders”, dado a que tiene con ellos algo en común: este encasillamiento o rótulo social. 
Nuevamente vemos que en la formación definitiva de un desviado hay un elemento que no depende exclusivamente del rechazo de un grupo social, sino por el contrario de la aceptación de otro grupo. Aún más, viene al cuento otra pregunta incómoda: ¿Qué impide al sujeto rotulado como “outsider” refugiarse más bien en el ostracismo social? Al respecto, nuevamente el análisis de Merton tenía mejores respuestas.

Del mismo modo, resulta también objetable que al formularse esta teoría, no se tuviera en cuenta el hecho, fácilmente verificable en nuestra realidad social, que un grupo con intereses contrapuestos con el sistema imperante, llegue a un nivel de cohesión tal que lo motive a plantearle reivindicaciones.  

El ejemplo de los homosexuales, tan usado por Becker, es claro: las llamadas “comunidades gay” en Europa y América tienen una acción cada vez más incomoda para los gobiernos de corte conservador, ya sea en sus reclamos de reconocimiento de sus derechos, de igualdad de oportunidades, en sus demandas de modificaciones legislativas. Estos grupos quieren ser parte del sistema, pero ser también aceptados con sus peculiaridades.

Acudiendo a un ejemplo mas cercano al sistema penal, podemos apreciar los reclamos y revueltas efectuados por los internos de los diversos penales del país en meses pasados. Tales revueltas, como podría pensarse por la ideología que profesan, no fueron llevadas a cabo exclusivamente por delincuentes terroristas,  sino también por los presos denominados “comunes” que reclamaban un mejor trato penitenciario, celeridad en sus procesos y el derecho a no ser discriminado laboralmente al cumplir su condena. 
No siempre ocurre, como vemos, el apartamiento total del sistema por parte de los rechazados. Estos también se agrupan y reaccionan contra este rechazo. Y este aspecto está totalmente ausente en los razonamientos de Becker.

Esta falencia, a mi entender, se origina en el haber ignorado al fundamentar sus hipótesis, que los grupos sociales de diversa índole, se encuentran muchas veces aptos para defender sus intereses, así sean contrapuestos a los del grupo dominante, o finalmente, del Estado. Un interés grupal económico o político, no preeminente por el momento, de hecho intentará predominar finalmente. De otra manera, no se explica la existencia actual de los llamados grupos de presión.

Es decir, la dinámica del poder en la sociedad no se circunscribe solamente a como defiende sus intereses. Debe apreciarse también la reacción de quienes no tienen el mando, pero a pesar de ello tienen mucho o poco que decir. Y muchas veces la acción de estos grupos ocasiona que el control social modifique sus mecanismos. Sobre el particular,  Alesandro Baratta anotaba que: “... estas teorías, reduciendo, como se ha visto, la criminalidad a la definición legal y al efectivo etiquetamiento, exaltan el momento de la criminalización y dejan fuera del análisis la realidad de comportamientos lesivos de intereses merecedores de tutela, (...) el análisis de las relaciones sociales y económicas, que debería proporcionar la clave de las diversas dimensiones de la cuestión criminal, se desenvuelve en un nivel insuficiente, típico de las teorías de mediano alcance. (..) ..mientras las  hace vagamente fungibles a un ulterior encuadramiento en teorías más comprensivas y no identificadas del todo, les permite proporcionar una serie de elementos descriptivos, indudablemente útiles, de la superficie fenoménica de uno y otro aspecto de la cuestión, pero no de aprehenderlos en su raíz, de modo contextual y orgánico. Sólo descendiendo del nivel fenoménico de la superficie de las relaciones sociales al de su lógica material es posible una interpretación contextual y orgánica de ambos aspectos de la cuestión. Pero eso trasciende los límites de una teoría de mediano alcance e implica un desplazamiento del punto de partida para la interpretación del fenómeno criminal: del fenómeno mismo a la estructura social, históricamente determinada, en la cual éste se inserta.” [11]
                       
 CONCLUSIONES.


1.      El enfoque del “etiquetamiento” de Howard Becker, así como la interacción simbólica y la etnometodología, presta invalorables aportes en el  entendimiento del proceso mediante el cual el individuo desarrolla un comportamiento criminal,  y se “institucionaliza” como tal.
Pero consideramos válida la crítica efectuada por otros estudiosos del tema, en el sentido de no ofrecer explicación alguna a la desviación primaria del futuro criminal. Es decir, presta una explicación coherente del inicio y hasta del proceso de una carrera criminal. Pero no otorga explicación alguna del ORIGEN del criminal o del antisocial.

2.         Al no prestar atención alguna a las motivaciones individuales, centrando su análisis en el proceso, se originan fisuras y contradicciones en su concepción teórica. Se evidencian las mismas en su  propuesta de tipología criminal, donde tiene que aceptar que existen criminales a quienes la sociedad o la reacción social no ha podido  “crear” (los “desviados secretos”), o no puede explicar cuál es la razón de que el sujeto ya rechazado se una a otros de su condición  y se institucionalize como antisocial sin optar por otras conductas.

3.         Aún más el enfoque de la rotulación resulta incompleto, pudiendo ser aplicable únicamente a conductas antisociales comunes cometidas por gente de estratos sociales bajos, y no a conductas  delictivas cometidas por gente de estratos sociales altos, con poderío económico y/o político ,de importancia cada vez mayor en nuestra sociedad.

4.         Asimismo, esta teoría yerra al considera en su análisis casi exclusivamente la reacción del grupo de poder contra el individuo, olvidando que existe una  reacción del individuo  que va más allá del simple refugio entre sus “congéneres sociales (los otros desviados)” y que llega a expresar una real solidaridad y lucha por adquirir espacios sociales. (Los negros y los latinos en Estados Unidos, los movimientos integrados por homosexuales y lesbianas, etc.) Es decir, la explicación del proceso de rotulación criminal deviene en “excesivamente técnica” y  desconectada de la estructura social y política en donde se origina, en donde la relación dialéctica entre los grupos con mayor o menor grado de poder ocasionan comportamientos socialmente perjudiciales.

5.         Sin embargo, pese a sus carencias o a las limitaciones en su alcance como acota Baratta, el aporte intelectual de Becker y de las concepciones interaccionistas ha sido fundamental para el avance en el estudio del fenómeno criminal. No es aventurado decir que sin él, hasta hoy no sería posible entender el análisis de este fenómeno de forma amplia, integrando en este el comportamiento de las estructuras de la sociedad políticamente organizada. Como  lo define Larrauri, tales aportes constituyeron  “el cambio de paradigma”; el mismo que, a pesar de todo el tiempo transcurrido desde su aparición, no apreciamos aún en el diseño y aplicación de la política criminal en nuestro país.

BIBLIOGRAFÍA


1.   ALONSO PEREZ, Francisco. 1999.  “Introducción a la Criminología”. Madrid, Ed. REUS.

2.   BARATTA, Alessandro. 2001. “Criminología Crítica y Crítica del derecho penal” Buenos Aires, Siglo XXI Eds.

3.   BECKER, Howard S. 1963 ”Outsiders: studies in the Sociology Of deviance.” New York, Free Press.

4.   FICHTER, Joseph. 1969. “Sociología”.  Barcelona, Ed.Herder.

5.   SOLIS ESPINOZA, Alejandro. 1988.  “Criminología: panorama Contemporáneo”. Lima, Ed. DESA.

6.   LARRAURI, Elena: 2000. “La herencia de la Criminología crítica”; Madrid, Siglo XXI Eds.

7.   VILLAVICENCIO TERREROS, Felipe. 2000.  “Introducción a la Criminología”. Lima,  Ed.GRIJLEY.




[1] Fichter, Joseph: “Sociología”. pp.373-384
[2] Villavicencio terreros, Felipe, “Introducción a la Criminología”. pp.134.
[3] Becker, Howard: “Outsiders” pp. 9, 10.
[4] Villavicencio, op.cit.

[5] Becker, op.cit. pp.13-14
[6] Becker, op.cit. pp17-19
[7] Villavicencio, op.cit. pp. 89-90
[8] Alonso Pérez, Francisco:”Introducción a la Criminología”,pp.114-119
[9] Solis Espinoza,Alejandro: “Criminología, panorama contemporáneo” pp.434-438

[10] Larrauri, Elena: “La Herencia de la Criminología Crítica”, pp.107
[11] Baratta, Alessandro: “Criminología crítica y crítica del derecho penal”, pp.99 y 100



2 comentarios:

  1. Muchas gracias. Muy útil e integra las ideas de una manera muy accesible

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