sábado, 15 de julio de 2017

LA IMPULSIVIDAD Y LA BÚSQUEDA DE SENSACIONES COMO PREDICTORES DE LA CONDUCTA ANTISOCIAL EN ADOLESCENTES. Bentacourt Ocampo, Diana; García Campos, Sahid Rafael

Resumen: 
El objetivo del presente estudio fue determinar el nivel predictivo de la búsqueda de sensaciones y la impulsividad en la conducta antisocial de adolescentes. Participaron 408 jóvenes: 49.8% hombres y 50.2% mujeres. Para medir la impulsividad se utilizó la versión adaptada de la Escala de Plutchik, que consta de catorce reactivos; la conducta antisocial se evaluó por medio del POSIT, en su versión adaptada para México, que consta también de catorce reactivos. Además, se empleó la Escala de Búsqueda de Sensaciones, constituida por tres dimensiones: búsqueda de aventuras y riesgo, búsqueda de placer, y cautela. Todas estas escalas tienen un formato tipo Likert con cuatro opciones de respuesta. Los resultados mostraron que la impulsividad y la búsqueda de riesgo explicaron 31% de la varianza de la conducta antisocial. Palabras clave: Conducta antisocial, Búsqueda de sensaciones: Impulsividad, Predictores, Adolescentes.

Abstract: e purpose of this study was to determine the predictive level of seeking of sensations and impulsivity of an antisocial behavior in adolescents. 408 adolescents participated. 49.8% men and 50.2% women. To measure the impulsivity, an adapted Plutchik Scale version was used, consisting of 14 items; antisocial behavior was evaluated through POSIT, a version adapted to be used in Mexico, also of 14 items. In addition, the Sensation Seeking Scale was also used, consisting of three dimensions: search and adventure and risk, seeking pleasure, and caution; all scales used did have a Likert format with four response options. e results showed that impulsivity and risk seeking accounted for 31% of the variance of the antisocial behavior. Keywords: search and adventure and risk, Antisocial behavior, Sensation seeking, Impulsivity, Predictors, Adolescents. 

La conducta antisocial se define como una diversidad de actos que violan las normas sociales y los derechos de los demás ( Kazdin y Buela, 2002 ); sin embargo, tal definición es ambigua y frecuentemente se refiere a un amplio conjunto de conductas poco delimitadas. Los mismos autores explican que el que una conducta se catalogue como antisocial depende de los juicios sobre la severidad de los comportamientos y de su alejamiento de las pautas normativas en función de la edad y sexo, entre otras consideraciones, por lo que sugieren que el punto de referencia para definir un comportamiento antisocial sea el contexto sociocultural en que surge la conducta. 

Si bien la conducta antisocial incluye una amplia gama de comportamientos, para los propósitos del presente estudio se refiere a la frecuencia que la que un adolescente se comporta de un modo que va en contra de lo establecido por la sociedad; tal comportamiento podría o no encontrarse dentro o fuera de la ley, ubicado en un continuo que va de menor a mayor gravedad. Se incluyen en ese continuo desde las faltas menores, pasando por los actos desafiantes o agresivos en contra de otras personas, hasta los actos ilícitos penalizados por la ley, como el robo u otros ( Palacios, 2005 ). 

Moffit (1993) explica que la conducta antisocial difiere en cuanto a su topografía según la etapa del desarrollo en el que se encuentre la persona; aunque generalmente dicha conducta se asocia con el período de la adolescencia, tiene su inicio en una etapa anterior. Si bien se espera que la mayoría de los niños se impliquen cada vez menos en conductas antisociales conforme crecen y maduran, una minoría de adolescentes las continúan llevando a cabo de forma incluso más frecuente ( Loeber y Stouthamer-Loeber, 1998 ). Además, dentro de este periodo, los adolescentes van cambiando y acentuando tales comportamientos; así, pueden cometer delitos cada más graves contra la propiedad, o delitos caracterizados por la agresividad y la violencia. 

Del mismo modo, Moffit (1993) plantea que existen dos formas en que la conducta antisocial se manifiesta: una que es pasajera y que forma parte del desarrollo del adolescente, la cual es menos severa, y otra que es permanente y, por tanto, más rígida y problemática, misma que comienza a manifestarse en edades tempranas y que muestra que quien la ejecuta sufre alteraciones de temperamento, del desarrollo conductual y de las capacidades intelectuales, por lo que su pronóstico es menos favorable. 

Respecto a las diferencias por sexo en cuanto a ese tipo de conductas, Rutter, Giller y Hagell (2000) señalan que si bien el ser varón se considera como uno de los indicadores de riesgo mejor documentados para el desarrollo de la conducta antisocial, no podría considerarse como un factor definitivo; no obstante, en México, algunos datos recogidos de la población estudiantil indican que los hombres muestran con mayor frecuencia este tipo de comportamientos en comparación con las mujeres ( Juárez, Villatoro, Gutiérrez, Fleiz y Medina- Mora, 2005 ; Villatoro et al., 2011 ). 

Uno de los aspectos más importantes del estudio de la conducta antisocial ha sido el análisis de las variables con las que se asocia; por ejemplo, Lahey, Waldman y McBurnett (1999) explican que las prácticas parentales, la influencia de los pares y el nivel socioeconómico pueden considerarse como factores ambientales que contribuyen al desarrollo de este tipo de comportamiento. En efecto, los conflictos familiares, la pérdida de los padres y la falta de habilidades en la crianza son los factores principales que pueden intervenir en el desarrollo de la antisocialidad ( McCord, 2001 ; Morrison y Cherlin, 1995 ; Widom y Ames, 1994 ),aunque la desintegración familiar también se ha asociado con la conducta antisocial ( Juby y Farrington, 2001 ). 

Respecto a los factores ambientales, uno de los más estudiados es el vecindario donde crecen los jóvenes; de hecho, los menores que viven en vecindarios violentos tienen mayor probabilidad de llevar a cabo comportamientos antisociales que los que viven en lugares con menos violencia ( Abrahamson, 1996 ; Bursik, 2000 ). 

Dentro de los factores individuales, se tiene evidencia de que ciertas características temperamentales, tales como la búsqueda de sensaciones, la reactividad emocional, la impulsividad y la baja percepción del riesgo o daño son variables asociadas a la ocurrencia de la conducta antisocial ( Del Barrio, 2004 ). 

Búsqueda de sensaciones Por lo que respecta a la búsqueda de sensaciones, Zuckerman, Persky, Link y Basu (1994) la definen como la necesidad de experimentar variadas y complejas sensaciones y el deseo de correr riesgos físicos y sociales por el simple deseo de disfrutar de tales experiencias. Dicha búsqueda se puede expresar, por ejemplo, en los deportes extremos o en la conducción riesgosa de automóviles, entre muchos otros ( Roberti, 2004 ). 

sábado, 1 de julio de 2017

Trastorno antisocial de la personalidad. (Compilado) Carlos Espinoza.

Características diagnósticas.

La característica esencial del trastorno antisocial de la personalidad es un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás, que comienza en la infancia o el principio de la adolescencia y continúa en la edad adulta. Este patrón también ha sido denominado psicopatía, sociopatía o trastorno disocial de la personalidad. Puesto que el engaño y la manipulación son características centrales del trastorno antisocial de la personalidad, puede ser especialmente útil integrar la información obtenida en la evaluación clínica sistemática con la información recogida de fuentes colaterales.

Para que se pueda establecer este diagnóstico el sujeto debe tener al menos 18 años (Criterio B) y tener historia de algunos síntomas de un trastorno disocial antes de los 15 años (Criterio C). El trastorno disocial implica un patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el que se violan los derechos básicos de los demás o las principales reglas o normas sociales apropiadas para la edad. Los comportamientos característicos específicos del trastorno disocial forman parte de una de estas cuatro categorías: agresión a la gente o los animales, destrucción de la propiedad, fraudes o hurtos, o violación grave de las normas. Están descritas con más detalle en la página 90.

El patrón de comportamiento antisocial persiste hasta la edad adulta. Los sujetos con un trastorno antisocial de la personalidad no logran adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal (Criterio A1). Pueden perpetrar repetidamente actos que son motivo de detención (que puede o no producirse) como la destrucción de una propiedad, hostigar o robar a otros, o dedicarse a actividades ilegales. Las personas con este trastorno desprecian los deseos, derechos o sentimientos de los demás. 

Frecuentemente, engañan y manipulan con tal de conseguir provecho o placer personales (p. ej., para obtener dinero, sexo o poder) (Criterio A2). Pueden mentir repetidamente, utilizar un alias, estafar a otros o simular una enfermedad. Se puede poner de manifiesto un patrón de impulsividad mediante la incapacidad para planificar el futuro (Criterio A3). Las decisiones se toman sin pensar, sin prevenir nada y sin tener en cuenta las consecuencias para uno mismo o para los demás, lo que puede ocasionar cambios repentinos de trabajo, de lugar de residencia o de amistades.

Los sujetos con un trastorno antisocial de la personalidad tienden a ser irritables y agresivos y pueden tener peleas físicas repetidas o cometer actos de agresión (incluidos los malos tratos al cónyuge o a los niños) (Criterio A4). Los actos agresivos necesarios para defenderse a uno mismo o a otra persona no se consideran indicadores de este ítem. Estos individuos también muestran una despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás (Criterio A5). Esto puede demostrarse en su forma de conducir (repetidos excesos de velocidad, conducir estando intoxicado, accidentes múltiples). Pueden involucrarse en comportamientos sexuales o consumo de sustancias que tengan un alto riesgo de producir consecuencias perjudiciales. Pueden descuidar o abandonar el cuidado de un niño de forma que puede poner a ese niño en peligro.

Los sujetos con trastorno antisocial de la personalidad también tienden a ser continua y extremadamente irresponsables (Criterio A6). El comportamiento irresponsable en el trabajo puede indicarse por períodos significativos de desempleo aun teniendo oportunidades de trabajar, o por el abandono de varios trabajos sin tener planes realistas para conseguir otro trabajo. También puede haber un patrón de absentismo no explicado por enfermedad del individuo o de un familiar. 

La irresponsabilidad económica viene indicada por actos como morosidad en las deudas y falta de mantenimiento de los hijos o de otras personas que dependen de ellos de forma habitual. Los individuos con trastorno antisocial de la personalidad tienen pocos remordimientos por las consecuencias de sus actos (Criterio A7). Pueden ser indiferentes o dar justificaciones superficiales por haber ofendido, maltratado o robado a alguien (p. ej., «la vida es dura», «el que es perdedor es porque lo merece» o «de todas formas le hubiese ocurrido»). 

Estas personas pueden culpar a las víctimas por ser tontos, débiles o por merecer su mala suerte, pueden minimizar las consecuencias desagradables de sus actos o, simplemente, mostrar una completa indiferencia. En general, no dan ninguna compensación ni resarcen a nadie por su comportamiento. Pueden pensar que todo el mundo se esfuerza por «servir al número uno» y que uno no debe detenerse ante nada para evitar que le intimiden.
El comportamiento antisocial no debe aparecer exclusivamente en el transcurso de una esquizofrenia o de un episodio maníaco (Criterio D).

Síntomas y trastornos asociados

Los sujetos con trastorno antisocial de la personalidad frecuentemente carecen de empatía y tienden a ser insensibles, cínicos y a menospreciar los sentimientos, derechos y penalidades de los demás. Pueden tener un concepto de sí mismos engreído y arrogante (pensar que el trabajo normal no está a su altura, o no tener una preocupación realista por sus problemas actuales o futuros) y pueden ser excesivamente tercos, autosuficientes o fanfarrones. Pueden mostrar labia y encanto superficial y ser muy volubles y de verbo fácil (p. ej., utilizan términos técnicos o una jerga que puede impresionar a alguien que no esté familiarizado con el tema). 

La falta de empatía, el engreimiento y el encanto superficial son características que normalmente han sido incluidas en las concepciones tradicionales de la psicopatía y pueden ser especialmente distintivos del trastorno antisocial de la personalidad en el medio carcelario o forense, en el que los actos delictivos, de delincuencia o agresivos probablemente son inespecíficos. Estos sujetos también pueden ser irresponsables y explotadores en sus relaciones sexuales. 

Pueden tener una historia de muchos acompañantes sexuales y no haber tenido nunca una relación monógama duradera. Pueden ser irresponsables como padres, como lo demuestra la malnutrición de un hijo, una enfermedad de un hijo a consecuencia de una falta de higiene mínima, el que la alimentación o el amparo de un hijo dependa de vecinos o familiares, el no procurar que alguna persona cuide del niño pequeño cuando el sujeto está fuera de casa o el derroche reiterado del dinero que se requiere para las necesidades domésticas. 

jueves, 15 de junio de 2017

La conducta antisocial en adolescentes no conflictivos: Adaptación del Inventario de Conductas Antisociales (ICA) Carolina Bringas1 ; Francisco Javier Herrero; Marcelino Cuesta y Francisco Javier Rodríguez Departamento de Psicología. Universidad de Oviedo.

RESUMEN

El objetivo de este trabajo es demostrar la adaptación de un inventario de conducta antisocial para conocer e identificar los factores en los que podemos agrupar las distintas formas de conducta antisocial de nuestros adolescentes adaptados. Se trata de conocer qué características tienen estos adolescentes en su posible desarrollo y manifestación de la conducta antisocial, refiriéndonos a las diferencias entre los mismos por las variables diferenciales de edad y sexo. La muestra es de 433 adolescentes asturianos, de ambos sexos, provenientes de diferentes centros educativos públicos, con edades comprendidas entre los 14 y 20 años. Nuestros resultados ponen de manifiesto microdiferencias entre los individuos por edad, pero no respecto al sexo, en la manifestación de comportamientos antisociales concretados a nivel comportamental como de actitudes de desarrollo. Palabras clave: Conducta antisocial, adolescentes, actitudes

ABSTRACT The objective of this study is to prove the utility of antisocial conduct test to know and to identify the factors in which we can group the different forms from antisocial conduct of our adapted adolescents. One is to know what characteristic has these adolescents in their possible development and manifestation of the antisocial conduct, referring us to the variables differentials of age and sex. The sample is of 433 adolescents of Asturias (Spain), of both sexes, originating of different educative centers public, with ages between the 14 and 20 years. Our results show microdifferences between the individuals by age, but not with respect to sex, in the manifestation of antisocial behaviors, as much made specific it at comportamental level like of attitudes of development of such behaviors. Keywords: Antisocial behaviour, adolescents, attitudes. 

1.- Introducción 

Desde hace varios años se han venido realizando numerosas investigaciones acerca de la conducta antisocial de niños y jóvenes adaptados, tema que ha alcanzado especial preocupación en nuestra sociedad occidental, llevándolo a considerar un trastorno conductual.

La conducta antisocial viene a ser considerada como aquel comportamiento que no se ha ajustado a la normativa social o moral. Ello, pues, se entiende viene a referir un concepto muy extenso, que va desde los rasgos de personalidad psicopáticos hasta los criterios de trastorno de personalidad antisocial del DSM III. Es decir, se podría entender la conducta antisocial como aquel comportamiento que infringe las normas e intereses sociales, además de ser una acción perjudicial o dañosa contra los demás, tanto personas como animales o propiedades, siendo su factor principal la agresión. 

Los resultados de investigación han evidenciado una mayor vulnerabilidad en salud mental y adaptación social, con presencia de comportamientos de consumo de drogas ilícitas, embarazo precoz, abandono escolar, conductas violentas a nivel de relaciones interpersonales, ... (Florenzano, 2002; Garrido, 2006; Garrido, Stangeland y Redondo, 1999; Becedóniz, Rodríguez, Herrero y otros, 2005), amenazando la convivencia social y reduciendo las posibilidades de ajuste psicológico y social en el futuro, siendo un predictor de delincuencia adulta la aparición de conductas antisociales antes de los 15 años (Garrido, Stangeland y Redondo, 1999, Rutter y Giller, 1985; Rodríguez y Paíno, 1994; Garrido, 2006). El desarrollo de la conducta antisocial tiende a agrupar diversos factores de riesgo que tienden a ser catalogados en dos apartados (Sobral, Romero, Luengo y Marzoa, 2000): Los factores personales o individuales y aquel que agrupa los factores situacionales o contextuales, como la familia, la escuela y, dentro de la misma, el grupo de iguales. 

Se debe tener en cuenta que las distintas variables actúan de forma interrelacionada, interdependientes entre sí, e incluso en ocasiones al mismo tiempo. Cuanto más factores de riesgo, más posibilidades existen de que se produzca una conducta problemática. Las malas relaciones interpersonales, las dificultades cognitivas de los jóvenes que tienen problemas de conducta, el ambiente en el que se desenvuelven, tanto dentro de la familia como en la sociedad, o los factores personales son principios claves para analizar el comportamiento antisocial y delictivo. 

El ser ‘malo’ se construye socialmente y, por lo general, entendemos responde a la forma en que la persona busca defenderse del otro, que no lo considera o lo condena (Valverde, 1988, Rodríguez y Paíno, 1994), y que le lleva a considerar el espacio social como una fuente de ‘agresiones’ en su proceso de socialización. Ello va a traducirse en distintas expresiones como la ‘vagancia’, bajo rendimiento escolar, expulsiones en la escuela, fugas del hogar, mentira persistente, relaciones circunstanciales y tempranas, ingestión de alcohol compulsiva, abuso de sustancias, robos, vandalismo, peleas, rechazo a la autoridad y normativa, … 

El análisis de factores y de grupos a patrones de conducta antisocial nos va a permitir dar forma a una serie de constructos, entre los cuales podemos destacar el referido a la Conducta Antisocial como Abierta (discutir, pelear, ‘berrinches’, … caracterizándose por ser hostil y desafiante) vs Encubierta (hurtar, incendiar, … que tiende a ser cautelosa y oculta), asociándose la primera a la impulsividad, a la falta de control y acompañada por enojo y temor, mientras la segunda sería controlada e instrumental; por otro lado, la conducta antisocial como Negativista o Desafiante (refiere el enfrentamiento con los mandatos de las figuras de autoridad o personas mayores, propiciando a la vez un desgaste significativo en la dinámica familiar a la vez que se generaliza a otras figuras de autoridad y comienza a adquirir nuevos contenidos en otras dinámicas como la escolar) vs Trasgresor o conflictivo con las Normas Sociales (institucionales y centrados en los vínculos sociales y/o familiares, que tienden a desencadenar un proceso de institucionalización que lleva a afianzar conductas perturbadoras). 

jueves, 1 de junio de 2017

La Socioafectividad de las personas con antecedentes delictivos: Una aproximación desde un enfoque mixto. Cristina Díaz Ramírez. Dalila Esperanza Franco. María Alejandra Barrera. Yessica Lorena Martínez. Universidad Nacional Abierta y a Distancia CEAD Girardot Escuela de Ciencias Sociales, Artes Humanidades Programa de Psicología Noviembre – 2015 ( Extracto de Investigación)


Resumen
El aumento de la delincuencia es un hecho que requiere ser estudiando desde diferentes dimensiones. Una de ellas es la indagación de la socioafectividad y el tipo de vínculo afectivo que pueden actuar como factores que predisponen o desencadenan esta conducta. El objetivo principal es realizar una descripción de los aspectos socioafectivos y el tipo de vínculo que presenta la población objeto de estudio. El enfoque del estudio es mixto y el diseño es descriptivo. Se realizó en la Fundación Manantial de Vida de la ciudad de Girardot, con participación de 30 hombres con edades entre 17 y 60 años. Las técnicas empleadas fueron el grupo reflexivo, la observación participante y la entrevista semi-estructurada. Se aplicó además el instrumento para medir los vínculos parentales PBI. En las actividades generadoras se trabajaron los siguientes temas: motivación, resiliencia, escucha activa, creatividad para la solución de problemas, autoestima, motivación, cooperación y trabajo en equipo, conciencia ética y moral, negociación y vínculo afectivo. Se concluye al finalizar el estudio que la socioafectividad de los participantes presenta características relacionas con un retraso en el desarrollo del razonamiento moral, haciendo uso permanente del pensamiento concreto. Con relación al tipo de vínculo afectivo que establecen los participantes con sus padres, sobresale el control sin afecto, caracterizado por un bajo índice en el cuidado y puntuación alta en la escala de sobreprotección. Las relaciones en este sentido se basan en la indiferencia afectiva, la negligencia, el control excesivo e intrusión en la afectividad el otro.
Palabras Claves: Socioafectividad, resiliencia, vínculo afectivo, autoestima, conciencia ética y moral.

Abstract
The rise in crime is a fact that needs to be studied from different dimensions. One, is the investigation of the socioaffective and type of bonding that can act as factors that predispose or trigger this behavior. The main objective is to describe the socioaffective aspects and the type of bonding that are presented in the study population. The aim of the study is mixed, and design is descriptive. It was held at ”Fundación Maniantal de La Vida” In Girardot, involving 30 men aged between 17 and 60 years old. The techniques used were: reflective group, participant observation and semi-structured interview. The instrument was applied to measure the parental links Parental Bonding Instrument (PBI). Generating activities worked the following topics: motivation, resilience, active listening, creativity for problem solving, self-esteem, motivation, cooperation, teamwork, ethics, moral awareness, negotiation and affective bonding. It was concluded that at the end of the study the socioaffective issues are presented in participants with characteristics that are related to a delay in the development of moral reasoning, making this permanent use of concrete thought. Regarding the type of bonding that establish participants with their parents, protruding control without affection, characterized by a low level care and high score on the scale of overprotection. The relationships in this point are based on: emotional indifference, neglect, the excessive control, instrusion and the affection on the other.
Keywords: Socioaffective, resilience, emotional bond, self-esteem, ethics and moral conscience.

1. Planteamiento del problema

1.1 Descripción del problema

El aumento de la delincuencia es un hecho que requiere ser estudiando desde diferentes dimensiones. Una de ellas es la indagación de la socioafectividad, en cada uno de sus aspectos y el tipo de vínculos afectivos que pueden actuar como factores que predisponen o desencadenan esta conducta que afecta de manera directa el desarrollo adecuado de un sociedad en particular, que al ser afectada por esta problemática, puede impactar en otras incluso a un país completo.

Un ejemplo claro de esto es el dato de la Unidad permanente para los derechos de la personería de Cundinamarca - Colombia. Según esta agencia, en lo que va recorrido del año, se han recibido 172 declaraciones y alrededor de 130 grupos familiares que han manifestado amenazas o dificultades con personas que presentan comportamiento antisocial, que se presenta cuando se trasgreden las leyes y las normas que permiten la sana convivencia.

Girardot es una ciudad que está en constante crecimiento, por lo tanto se enfrenta a conflictos semejantes a los de las ciudades grandes, entre los que se encuentra la delincuencia, en especial los delitos que afectan la seguridad pública (Woodrow Wilson International Center for Scholars, 2009).

Conviene tener claro el concepto de un acto delictivo, que se presenta cuando se actúa de manera negativa y que afecta el bienestar de sus semejantes. De ahí la importancia de establecer los hilos conductores al actuar delictivo, el cual se encuentra en aumento en la ciudad de Girardot, donde no solo se genera un daño físico, sino emocional, tanto a los actores principales como a sus víctimas y familias.

En diversas investigaciones y posiciones teóricas que han intentado abordar la denominada “conducta desviada” y sus condiciones psicoafectivas (Turvey, 2007), se han propuesto factores psicosociales relacionados con el comportamiento delictivo, incluyendo dentro de éstos parámetros el análisis de tipo sociocultural, económico, familiar e individual (Araya & Garat, 1998). De esta forma, se investigan las características socioafectivas de personas con este tipo de antecedentes, se incluyen aspectos que promueven la interacción de lo personal con la estructura social, generando así, una dinámica de construcción mutua (Asún, Alfaro, Fernández, Báez, Pérez & Vergara, 2008, lo que permite establecer la relación entre los vínculos afectivos y dichas conductas no aprobabas para una convivencia dentro de cualquier grupo social. Del mismo modo, las características psicológicas y sociales de los individuos con antecedentes delictivos, evidencian la influencia y la expresión de rasgos de la personalidad que pueden facilitar la formación de una conducta criminal (Douglas, Ressler, Burgess & Hartman, 2008; Turvey, 2009.
El presente trabajo se centra en una dimensión particular de la condición personal y relacional familiar implicada en la formación de las personas con antecedentes delictivos y el vínculo que se establece entre éstas. Pretende describir la socioafectividad de las personas con antecedentes delictivos, estudio que favorecerá a la comprensión de este fenómeno desde la mirada de las relaciones parentales y su influencia en la formación de hechos delictivos que cada vez son mayormente manifiestos en nuestro entorno.

2. Justificación

La realización de este estudio responde a grandes necesidades que tiene el país. En medio del conflicto armado y del sueño por la paz, se requiere contar con personas capaces de aportar y contribuir hacia la construcción de un mundo más humano, justo y solidario. La resocialización y el desistimiento del delito han sido temas álgidos en todo el mundo. Se ha discutido por décadas el papel tan importante que desempeñan las instituciones sociales y familiares. Estas redes de apoyo generan en los individuos con antecedentes delictivos una motivación que les permite progresar en su proceso de resocialización. Para Petri (1996), esta debe ser un proceso dinámico donde se da inicio, se sostenga, se dirija y se culmine; este proceso suena razonable para este tipo de población Colombia requiere la transformación de agresores en promotores de paz, y es justamente el planteamiento de esta problemática la que le otorga un carácter prioritario a esta propuesta (Franco Agudelo, 2003).

En Colombia y en Girardot, particularmente hacen falta organizaciones de este tipo, para que sirvan de apoyo a la población con antecedentes delictivos y generen la recuperación de su socioafectividad. Esta es una de las conclusiones a las que llegó Montoya (2005) y concuerda con lo anterior: “Es indispensable, igualmente, aminorar los efectos negativos de la pobreza y la delincuencia en la integración familiar. Ello exige la efectiva creación y funcionamiento de espacios de apoyo a los familiares y personas que por diversas razones han delinquido. De la misma manera, se pueden crear grupos de apoyo tanto en aspectos psicológicos, como laborales y económicos, con el respaldo de la sociedad civil - centros universitarios, fundaciones privadas - y el Estado." (p. 120).

Conocer las raíces, conocer los orígenes, nos permite tener una mirada más amplia y objetiva de la realidad para contribuir en dicho proceso de transformación. La metodología científica enseña que el conocimiento acerca de un fenómeno debe ser el fundamento para procesos efectivos y eficientes de intervención sobre este y sus elementos (Rovaletti, 2006), por lo tanto no sería prudente continuar explorando en procesos de intervención en los centros institucionales de restauración, si no se conocen las raíces acerca de las problemáticas socioafectivas que presentan quienes se encuentran en proceso de recuperación y resocialización. Tal como lo plantean las teorías sistémicas, muchos de los problemas del adulto se originan en la infancia y de allí la necesidad de focalizar la atención en la red que se convierte en el soporte de diversas conductas resilientes.

La UNAD en su misión considera la atención a la comunidad como eje fundamental en todos los procesos de desarrollo y bienestar, donde su metodología esté al alcance de la sociedad, donde se trabaje con comunidades locales; por este motivo el Semillero pretende aportar, a través de este ejercicio, a la formación de una comunidad más saludable. El fin último de esta propuesta, se orienta al proceso de resocialización que contribuya a la homeostasis de la comunidad. Con seguridad se puede afirmar que contar con personas que desistan del delito y se empoderen de su proyecto de vida, permitirá una sociedad más sustentable que no comprometa el bienestar del presente.

3. Objetivo

3.1. Objetivo General:

Identificar los aspectos socioafectivos y el tipo de vínculo afectivo que presentan las personas con antecedentes delictivos institucionalizadas en la Fundación Manantial de vida del municipio de Girardot
.
3.2 Objetivos Específicos:

3.2.1 Caracterizar cada componente de la socioafectividad que presentan las personas con antecedentes delictivos que están institucionalizadas en la fundación Manantial de Vida de Girardot.

3.2.2 Determinar el tipo de vínculo afectivo que presentan las personas con antecedentes delictivos que están institucionalizadas en la fundación Manantial de Vida de Girardot.
3.2.3 Identificar las diferencias que existen entre el vínculo afectivo establecido por los participantes con cada uno de sus padres.

4. Marco Conceptual y Teórico

4.1 La Socioafectividad

La dimensión socioafectiva del desarrollo integral de los seres humanos, desde la mirada del enfoque cognitivo y sistémico, supone el fortalecimiento de una serie de habilidades necesarias para su crecimiento personal y social, las cuales se relacionan con la identificación y control de las propias emociones, el reconocimiento de los aspectos más relevantes del comportamiento humano, el hecho de ponerse en el lugar del otro, el manejo de los problemas, la actuación con sentido ético y la capacidad de comprender las emociones de quienes los rodean.
Esta dimensión constituye un factor importante en el desarrollo adecuado del niño o niña. En este sentido los aspectos socioafectivos están implicados en la adquisición de los principales aprendizajes que realiza el niño (Papalia, D. et. al. 2005). De esta manera incluye y afecta de forma significativa los siguientes factores:
Intelectuales: determinan la percepción y la comprensión de aspectos y elementos del aprendizaje (Gardner, H. 1990).

lunes, 15 de mayo de 2017

CONDUCTA ANTISOCIAL EN ADOLESCENTES: FACTORES DE RIESGO Y DE PROTECCIÓN. TESIS DOCTORAL. Mª Elena de la Peña Fernández. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID. FACULTAD DE PSICOLOGÍA. 2005. (Extracto)

PRESENTACIÓN

Es bien sabido por todos que la denominada “conducta antisocial” constituye, desafortunadamente, un tema de relevancia social indiscutible en la actualidad, no sólo por las graves consecuencias que a nivel social, familiar, escolar o jurídicamente conlleva, sino también, por los efectos tan devastadores que acarrea al propio adolescente. La creciente implicación de los jóvenes en este tipo de conductas, junto con los costes personales, sociales y económicos que conllevan, han suscitado el consenso sobre la necesidad de buscar solución a estos problemas. Así, diferentes profesionales de la salud y de la educación, entidades oficiales y políticas entienden que el potencial más prometedor para resolver este problema reside en el desarrollo de programas de prevención. 

 Son muchos los problemas que hoy por hoy rodean la investigación y prevención de la conducta antisocial. Quizás, en parte, por los múltiples profesionales y enfoques teóricos interesados en su estudio, lo que, sin duda, dificulta sobremanera la elaboración de un modelo teórico que permita su explicación comprensiva. Si bien, tal y como han mostrado las múltiples investigaciones al respecto, su análisis debe ser llevado a cabo con el mayor encomio y dedicación por cuanto que sus resultados nos deberían guiar, cuanto menos, a distinguir diferentes adolescentes en mayor o menor riesgo de conducta antisocial y, consecuentemente, poder diseñar específicamente las diferentes líneas de prevención e intervención para cada uno de estos sub-grupos. 

Teniendo presente la ambigüedad conceptual del constructo “conducta antisocial” y sus complejas manifestaciones conductuales a lo largo de la infancia y la adolescencia, especialmente, con aquellas conductas agresivas, violentas y que infringen las normas sociales, además de sus relaciones determinantes con el consumo de sustancias, la presente investigación doctoral se ha centrado en los siguientes objetivos: 

a) Describir las distintas manifestaciones de la conducta antisocial (comportamientos antisociales graves y/o violentos, conductas agresivas y consumo de sustancias) en función tanto de la edad como del sexo de los adolescentes. 

 b) Comparar los diferentes patrones de consumo de sustancias y prevalencias de conductas agresivas en función del nivel de conducta antisocial mostrada por los adolescentes. 

 c) Determinar la forma en la que se asocian las diferentes sustancias de comercio legal e ilegal en los adolescentes (tabaco, alcohol, cannabis, fármacos antirreumáticos y tranquilizantes, derivados morfínicos, estimulantes, cocaína, heroína, inhalantes y drogas de síntesis). 

d) Determinar la capacidad predictiva de los factores bioevolutivos, escolares, familiares, del grupo de iguales y de personalidad, en el intento de establecer un perfil específico o un conjunto de factores especialmente asociados a un mayor riesgo de manifestación de comportamientos antisociales en los adolescentes.

e) Presentar distintos modelos de riesgo y protección en función de su valor predictivo, que sirvan como base para la posterior construcción y diseño de distintos modelos explicativos de la conducta antisocial en los adolescentes. 

f) Contrastar la validez de diferentes modelos explicativos en relación con los diversos factores de riesgo asociados a la conducta antisocial y el consumo de sustancias, que ayuden, por una parte, a la explicación de la conducta antisocial en adolescentes, y, por otra, que contribuyan a diseñar programas de intervención y prevención. 

g) Aclarar, finalmente, las complejas relaciones existentes entre la conducta antisocial y el consumo de sustancias de comercio legal e ilegal en los adolescentes, evidenciando que ambas conductas y, posiblemente, también otras conductas desviadas, puedan ser interpretadas como manifestaciones asociadas a un mismo síndrome de conducta problemática subyacente a una serie de factores de riesgo social.

ANÁLISIS CONCEPTUAL DE LA CONDUCTA ANTISOCIAL 

 1.1. Introducción 

La conducta antisocial es un problema que presenta serias consecuencias entre los niños y adolescentes. Los menores que manifiestan conductas antisociales se caracterizan, en general, por presentar conductas agresivas repetitivas, robos, provocación de incendios, vandalismo, y, en general, un quebrantamiento serio de las normas en el hogar y la escuela. Esos actos constituyen con frecuencia problemas de referencia para el tratamiento psicológico, jurídico y psiquiátrico. Aparte de las serias consecuencias inmediatas de las conductas antisociales, tanto para los propios agresores como para las otras personas con quienes interactúan, los resultados a largo plazo, a menudo, también son desoladores. Cuando los niños se convierten en adolescentes y adultos, sus problemas suelen continuar en forma de conducta criminal, alcoholismo, afectación psiquiátrica grave, dificultades de adaptación manifiestas en el trabajo y la familia y problemas interpersonales (Kazdin, 1988). 

La conducta antisocial hace referencia básicamente a una diversidad de actos que violan las normas sociales y los derechos de los demás. No obstante, el término de conducta antisocial es bastante ambiguo, y, en no pocas ocasiones, se emplea haciendo referencia a un amplio conjunto de conductas claramente sin delimitar. El que una conducta se catalogue como antisocial, puede depender de juicios acerca de la severidad de los actos y de su alejamiento de las pautas normativas, en función de la edad del niño, el sexo, la clase social y otras consideraciones. No obstante, el punto de referencia para la conducta antisocial, siempre es el contexto sociocultural en que surge tal conducta; no habiendo criterios objetivos para determinar qué es antisocial y que estén libres de juicios subjetivos acerca de lo que es socialmente apropiado (Kazdin y Buela-Casal, 2002). 

 Estas conductas que infringen las normas sociales y de convivencia reflejan un grado de severidad que es tanto cuantitativa como cualitativamente diferente del tipo de conductas que aparecen en la vida cotidiana durante la infancia y adolescencia. Las conductas antisociales incluyen así una amplia gama de actividades tales como acciones agresivas, hurtos, vandalismo, piromanía, mentira, absentismo escolar y huidas de casa, entre otras. Aunque estas conductas son diferentes, suelen estar asociadas, pudiendo darse, por tanto, de forma conjunta. Eso sí, todas conllevan de base el infringir reglas y expectativas sociales y son conductas contra el entorno, incluyendo propiedades y personas (Kazdin y Buela-Casal, 2002). 

Desde una aproximación psicológica, se puede afirmar que las actividades o conductas anteriormente citadas, que se engloban dentro del término conducta antisocial se podrían entender como un continuo, que iría desde las menos graves, o también llamadas conductas problemáticas, a las de mayor gravedad, llegando incluso al homicidio y el asesinato. Loeber (1990), en este sentido, advierte que el término conducta antisocial se reservaría para aquellos actos más graves, tales como robos deliberados, vandalismo y agresión física. Lo cierto es que aunque toda esta serie de conductas son diferentes, se consideran juntas, ya que suelen aparecer asociadas, a la vez que se muestran de formas diferentes según la edad de inicio en el niño y/o adolescente. 

Uno de los principales problemas que surgen a la hora de abordar el estudio de la conducta antisocial desde cualquier aproximación, es sin lugar a dudas el de su propia conceptualización. Esta dificultad podría estar relacionada, entre otros factores, con el distinto enfoque teórico del que parten los autores en sus investigaciones a la hora de definir conceptos tan multidimensionales como los de delincuencia, crimen, conducta antisocial o trastornos de conducta (Otero, 1997). 

 Es evidente que la existencia de distintas interpretaciones que surgen desde los diferentes campos de estudio (sociológico, jurídico, psiquiátrico o psicológico), y que tratan de explicar la naturaleza y el significado de la conducta antisocial, generan orientaciones diversas y se acaban radicalizando en definiciones sociales, legales o clínicas (Otero, 1997). 

No obstante, se ha de tener presente que a lo largo de la historia de las diferentes disciplinas científicas que han estudiado la conducta antisocial, se han venido aplicando numerosos términos para referirse a este tipo de conductas que transgreden claramente las normas, tales como delincuencia, criminalidad, conductas desviadas, conductas problemáticas, trastornos o problemas de conducta. A pesar de que las conductas a las que se refieren son las mismas, existen ciertas diferencias que son necesarias resaltar. 

Para Loeber (1990), la llamada conducta problemática haría más bien referencia a pautas persistentes de conducta emocional negativa en niños, tales como un temperamento difícil, conductas oposicionistas o rabietas. Pero no hay que olvidar que muchas de estas conductas antisociales surgen de alguna manera durante el curso del desarrollo normal, siendo algo relativamente común y que, a su vez, van disminuyendo cuando el niño/a va madurando, variando en función de su edad y sexo. Típicamente, las conductas problemáticas persistentes en niños pueden provocar síntomas como impaciencia, enfado, o incluso respuestas de evitación en sus cuidadores o compañeros y amigos. Esta situación puede dar lugar a problemas de conducta, que refleja el término paralelo al diagnóstico psiquiátrico de “trastorno de conducta” y cuya sintomatología esencial consiste en un patrón persistente de conducta en el que se violan los derechos básicos de los demás y las normas sociales apropiadas a la edad (APA, 2002). 

Dicha nomenclatura nosológica se utiliza comúnmente para hacer referencia a los casos en que los niños o adolescentes manifiestan un patrón de conducta antisocial, pero debe suponer además un deterioro significativo en el funcionamiento diario, tanto en casa como en la escuela, o bien cuando las conductas son consideradas incontrolables por los familiares o amigos, caracterizándose éstas por la frecuencia, gravedad, cronicidad, repetición y diversidad. De esta forma, el trastorno de conducta quedaría reservado para aquellas conductas antisociales clínicamente significativas y que sobrepasan el ámbito del normal funcionamiento (Kazdin y Buela-Casal, 2002). 

Las características de la conducta antisocial (frecuencia, intensidad, gravedad, duración, significado, topografía y cronificación), que pueden llegar a requerir atención clínica, entroncan directamente con el mundo del derecho y la justicia. Y es aquí donde entran en juego los diferentes términos sociojurídicos de delincuencia, delito y/o criminalidad. 

La delincuencia implica como fenómeno social una designación legal basada normalmente en el contacto oficial con la justicia. Hay, no obstante, conductas específicas que se pueden denominar delictivas. Éstas incluyen delitos que son penales si los comete un adulto (robo, homicidio), además de una variedad de conductas que son ilegales por la edad de los jóvenes, tales como el consumo de alcohol, conducción de automóviles y otras conductas que no serían delitos si los jóvenes fueran adultos. En España, esta distinción es precisamente competencia de los Juzgados de Menores (antes Tribunales Tutelares de Menores), que tienen la función de conocer las acciones u omisiones de los menores que no hayan cumplido los 18 años (antes 16 años) y que el Código Penal u otras leyes codifiquen como delitos o faltas, ejerciendo una función correctora cuando sea necesario, si bien la facultad reformadora no tendría carácter represivo, sino educativo y tutelar (Lázaro, 2001). 

Los trastornos de conducta y la delincuencia coinciden parcialmente en distintos aspectos, pero no son en absoluto lo mismo. Como se ha mencionado con anterioridad, trastorno de conducta hace referencia a una conducta antisocial clínicamente grave en la que el funcionamiento diario del individuo está alterado. Pueden realizar o no conductas definidas como delictivas o tener o no contacto con la policía o la justicia. Así, los jóvenes con trastorno de conducta no tienen porqué ser considerados como delincuentes, ni a estos últimos que han sido juzgados en los tribunales se les debe considerar como poseedores de trastornos de conducta. Puede haber jóvenes que hayan cometido alguna vez un delito pero no ser considerados por eso como “patológicos”, trastornados emocionalmente o con un mal funcionamiento en el contexto de su vida cotidiana. Aunque se puede establecer una distinción, muchas de las conductas de los jóvenes delincuentes y con trastorno de conducta, coinciden parcialmente, pero todas entran dentro de la categoría general de conducta antisocial. 

Desde un punto de vista que resalta más lo sociológico de este fenómeno conductual, se habla comúnmente de desviación o conductas desviadas, definidas éstas como aquellas conductas, ideas o atributos que ofenden (disgustan, perturban) a los miembros de una sociedad, aunque no necesariamente a todos (Higgins y Buttler, 1982). Este término es un fenómeno subjetivamente problemático, es decir, un fenómeno complejo de creación social; de ahí que podamos decir que no hay ninguna conducta, idea o atributo inherentemente desviada y dicha relatividad variará su significado de un contexto a otro (Garrido, 1987; Goode, 1978). 

 Se podría conceptualizar la conducta delictiva dentro de este discurso como una forma de desviación; como un acto prohibido por las leyes penales de una sociedad. Es decir, tiene que existir una ley anterior a la comisión que prohíba dicha conducta y tiene que ser de carácter penal, que el responsable ha de ser sometido a la potestad de los Tribunales de Justicia. Pero de la misma forma que la desviación, el delito es igualmente relativo, tanto en tiempo como en espacio. Las leyes evolucionan, y lo que en el pasado era un delito, en la actualidad puede que no lo sea (consumo de drogas) o al contrario. El espacio geográfico limitaría igualmente la posibilidad de que una conducta pueda ser definida como delito o no (Garrido, 1987).

El delincuente juvenil, por tanto, es una construcción sociocultural, porque su definición y tratamiento legal responden a distintos factores en distintas naciones, reflejando una mezcla de conceptos psicológicos y legales. Técnicamente, un delincuente juvenil es aquella persona que no posee la mayoría de edad penal y que comete un hecho que está castigado por las leyes. La sociedad por este motivo no le impone un castigo, sino una medida de reforma, ya que le supone falto de capacidad de discernimiento ante los modos de actuar legales e ilegales. En España ha surgido actualmente una reforma de los antiguos Tribunales de Menores, así como de las leyes relativas a los delincuentes juveniles, la Ley Orgánica 5/2000 reguladora de la responsabilidad penal del menor. Tal reforma ha procurado conseguir una actuación judicial más acorde con los aspectos psicológicos del desarrollo madurativo del joven. 

Los términos delincuencia y crimen aparecen en numerosos textos como sinónimos de conducta antisocial, sin embargo ambos términos implican una condena o su posibilidad, sin embargo, todos los estudios han demostrado que la mayoría de los delitos no tienen como consecuencia que aparezca alguien ante los tribunales y que muchas personas que cometen actos por los cuales podrían ser procesados nunca figuren en las estadísticas criminales. Además, los niños por debajo de la edad de responsabilidad penal participan en una conducta antisocial por la que no pueden ser procesados. Para entender los orígenes de la delincuencia es crucial, por tanto, que se considere la conducta antisocial que está fuera del ámbito de la ley y también los actos ilegales que no tienen como consecuencia un procedimiento legal, además de los que sí la tienen. 

En este sentido, y para el propósito que guía la presente tesis doctoral, el término de conducta antisocial se empleará desde una aproximación conductual para poder así, hacer referencia fundamentalmente a cualquier tipo de conducta que conlleve el infringir las reglas o normas sociales y/o sea una acción contra los demás, independientemente de su gravedad o de las consecuencias que a nivel jurídico puedan acarrear. Consecuentemente, se prima el criterio social sobre el estrictamente jurídico. La intención no es otra que ampliar el campo de análisis de la simple violación de las normas jurídicas, a la violación de todas las normas que regulan la vida colectiva, comprendiendo las normas sociales y culturales. 

Tal y como señala Vázquez (2003), la inclusión de un criterio no solamente jurídico en la definición de la conducta antisocial presentaría la ventaja de centrar la atención en factores sociales o exógenos, y en factores personales o endógenos; cambiando el enfoque de la intervención y abordando directamente el problema real. Así, la conducta antisocial quedaría englobada en un contexto de riesgo social, posibilitando una prevención e intervención temprana en el problema que entroncaría directamente con los intereses de las distintas disciplinas de la psicología interesadas en este problema. 

lunes, 1 de mayo de 2017

Evaluación del riesgo de reincidencia en menores infractores: herramientas para la mejora de estrategias reeducativas en España. ÁNGELA CARBONELL MARQUÉZ, ELENA MARGAIX CECILIA, ALEJANDRO GIL-SALMERÓN. Universidad de Valencia.

Resumen: El presente estudio trata de conocer las herramientas que actualmente se utilizan en el ámbito judicial en menores para evaluar el riesgo de reincidencia en España. Para abordar el trabajo se ha realizado una revisión de la literatura existente y se ha llevado a cabo un análisis comparativo de los instrumentos con mayor ascendencia, que permiten identificar dicho riesgo. Tras el análisis, y desde la perspectiva del Trabajo Social, se destaca la herramienta SAVRY puesto que es una herramienta que abarca una gran cantidad de factores y permite el desarrollo de actuaciones efectivas potenciando conductas prosociales que reduzcan el riesgo de delincuencia futura.  El conocimiento de estas herramientas permite la toma de decisiones y la implementación de estrategias de intervención con menores y jóvenes para los/as profesionales del Trabajo Social, desde un criterio objetivo y estructurado. Palabras clave: Delincuencia, reincidencia, menores infractores, riesgo, conducta antisocial, Trabajo Social.

Abstract: This study aims to understand the tools that are currently used in “child and youth justice” to assess the risk of recidivism. To tackle the work, a review of existing literature has been conducted, and has carried out a comparative anlysis of instruments with greater ancestry that identify this risk. After analysis, and from the perspective of Social Work, SAVRY is a very important tool because it includes a lot of factors, and enables the development of effective actions promoting prosocial behaviors that reduce the risk of future crime. The knowledge of these tools allows decision-making and implementation of intervention strategies with children to Social Work professionals, from an objective and structured approach. Keywords: Crime, recidivism, juvenile offenders, risk, antisocial behaviour, Social Work.


APROXIMACIÓN TEÓRICA A LA REALIDAD SOCIAL DE LOS MENORES INFRACTORES

La socialización se basa en la agrupación interaccionada de mecanismos donde un sujeto pasa a formar parte de un grupo, asumiendo los códigos, normas y pautas de comportamiento establecidas (Funes, 2009). Este proceso, según Bueno y Moya (1998), destaca de manera positiva cuando las condiciones desenvueltas por el individuo durante su infancia y adolescencia se convierten en herramientas de actuación válidas en la sociedad. La teoría de la socialización diferencial desarrolla que los agentes socializadores influyen en las personas adquiriendo identidades de género diferenciadas, que conllevan sistemas de valores, estilos cognitivos, actitudes y conductas que se asignan según el género (Walker y Barton, 1983).

Los/as autores defienden que existe un fracaso en el proceso de socialización cuando existe un deterioro en algunos de los agentes socializadores (familia, escuela, grupo de iguales) o bien por la existencia de faltas y objeciones en los mecanismos de socialización que emplean cada uno de los agentes, dando paso al desarrollo de una conducta antisocial (Bueno y Moya, 1998). Ésta es considerada como aquel comportamiento que transgrede las pautas establecidas por la sociedad, llegando a ser perjudicial para el individuo y su contexto (Bringas y otros, 2006).

La delincuencia juvenil

La delincuencia según Káiser (1988) significa cometer un delito, es decir, infringir el ordenamiento jurídico establecido. A día de hoy la definición del concepto de delincuencia juvenil ha sido objeto de estudio de diferentes investigaciones, por lo que resulta difícil esclarecer dicho término. La delincuencia juvenil es un fenómeno social formado por las conductas disruptivas contra las normas sociales establecidas, realizadas en un lugar y tiempo concreto (Herrero, 1997).

Hablar de delincuencia juvenil no es lo mismo que hablar de menores infractores. La Ley Orgánica 5/2000, de 12 de enero, reguladora de la responsabilidad penal de los menores, en España, define como menores infractores a aquellos mayores de 14 años y menores de 18 que hayan cometido al menos una infracción de las tipificadas en el Código Penal y, en consecuencia de ello, se les haya impuesto una medida judicial o extrajudicial. Por otro lado, Uceda (2011) opta por el término de adolescentes en conflicto con la ley dado que en este concepto se plasma el sujeto social, mientras que menores infractores es únicamente una catalogación jurídica.

La reincidencia en menores infractores

La reincidencia es un término complejo que no cuenta con una definición exacta. La Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo, que modifica el artículo 22 de la L.O. 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal, define la reincidencia cuando al delinquir, el culpable haya sido condenado ejecutoriamente por un delito comprendido en el mismo título de este Código, siempre que sea de la misma naturaleza. La reincidencia tiene lugar cuando se comete un nuevo delito o falta una vez finalizada la medida judicial anteriormente impuesta, es decir, llevar a cabo un nuevo delito cuando ya se ha cometido otro con anterioridad (Blanch, Cañamares y Domínguez, 2012). Se puede definir este término a partir de diferentes niveles o tipologías descriptivas y puede diferenciarse según la fuente que informa, dictamina o instruye el delito cometido (Navarro, 2014; Luque, Ferrer y Capdevila, 2005).

La reincidencia, en parte, debe de ser entendida como un fracaso de las instituciones de justicia responsables de la intervención con los/as menores infractores, así como de los organismos socioeducativos destinados a prevenir la delincuencia juvenil (Thornberry, 2004).

La predicción del riesgo de reincidencia

La predicción del riesgo de reincidencia es una cuestión importantísima en el ámbito penal del/la menor, por ello se estudian los factores que motivan a llevar a cabo el delito, el riesgo de reincidencia, y las intervenciones profesionales dirigidas a gestionar dicho riesgo (Botija, 2009). Andrews, Bonta y Wormith (2006) diferencian cuatro etapas en la historia de la evaluación del riesgo de reincidencia. En la primera etapa, esta evaluación del riesgo será subjetiva y a razón profesional; en la segunda etapa se utilizan escalas de medición estáticas, que no tienen una fundamentación teórica y se basan en factores históricos de la vida del individuo; la tercera estará establecida por la escala LSI-R Level of Service Inventory-Revised de Andrews y Bonta (1995) mediante la que se identifican y se miden sistemática y objetivamente las necesidades del/la menor, determinando el riesgo de reincidencia; y la última etapa, se reivindica la necesidad de intervención tras la evaluación del riesgo.

Actualmente, existen diversas técnicas para la predicción del riesgo de violencia que pretenden evaluar, predecir y/o estimar su posibilidad futura de reincidencia (Andrés-Pueyo y Echeburúa, 2010), con la intención de mejorar su pronóstico y evitar su continuidad o cronicidad (Andrés-Pueyo y Redondo, 2007). La mayoría de los instrumentos utilizados de valoración del riesgo de reincidencia en menores infractores son adaptaciones de otros utilizados con adultos. Según Andrews y Bonta (2003) esto se debe a la necesidad de realizar una aproximación para evaluar a menores, especificando sus propias características. Estas herramientas se utilizan en contextos jurídico-penales y/o asistenciales para la gestión del riesgo, y facilitan la toma de decisiones reglamentarias al juez (Andrés-Pueyo y Echeburúa, 2010).

Factores de riesgo y factores de protección

Los factores de riesgo son entendidos como las características o circunstancias de la vida de los/as jóvenes que hacen más probable la implicación en actividades delictivas. Botija (2009:36) define estos factores como aquellos que muestran predisposición a asociarse con el comportamiento antisocial y violento, asimismo, la autora define como factores de protección a los elementos asociados a la ausencia de dicho comportamiento.  

jueves, 6 de abril de 2017

EVOLUCION HISTORICA DE LA CRIMINOLOGIA: ENSAYO DE CRIMINOLOGIA ACADEMICA. Carlos Mario Molina Arrubla Profesor Universitario en la Cátedra: "Criminología" U.P.8. Abogado en Ejercicio.


A MANERA DE INTRODUCCIÓN

Uno de los principales y primigenios problemas con el que se encuentra el catedrático o tratadista en materias criminológicas, es el que hace alusión a la carencia, por no decir que la inexistencia absoluta, de un derrotero preciso y sistemático, que marque el camino a seguir en su trabajo.
Origen inmediato de tal problemática, es el constituido por una dualidad fáctica de innegable trascendencia, patentizada en la enseñanza cotidiana que suministra la experiencia: Primero, el hecho incontrovertible de que, aún en nuestros días, los propios especialistas de la materia elaboran los mejor de sus estudios criminológicos con arreglo a los parámetros fundamentales de la Escuela Positiva del Derecho Penal, a la luz de lo cual se ha hecho de la CRIMINOLOGIA una disciplina subalterna, por no decir que condicionada, del Derecho Penal; y segundo, como consecuencia inmediata y necesaria de tal realidad, el descuido, desmaño y subvaloración en que han caído los estudios criminológicos, especialmente en nuestro medio, en la medida en que las hipótesis criminológicas elaboradas al amparo de tales directrices, han demostrado su ineficacia, su inconducencia o su improcedencia.

De esta guisa, el certificado de defunción que algunos expositores y tratadistas han querido extender a nombre de la CRIMINOLOGIA, ha encontrado un respaldo cierto aunque cuestionable, si se tiene en cuenta la crisis en la que se ha visto inmersa esta disciplina, lo que, de contera ha motivado y originado su desuso. Con todo, a la par que en el momento que actualmente vive el sistema doctrinal de el Derecho Penal, por virtud del cual se produce un retorno a la POLITICA CRIMINAL, vale decir, se practica una re.valoración de los postulados y enseñanzas de la POLITICA CRIMINAL, al punto que autores de la talla de SANTIAGO MIR PUIG aseveran que "esta vuelve a ser la época de la Política Criminal" (1), se materializa una revitalización de los planteamientos criminológicos, toda vez que es bien sabido que la CRIMINOLOGIA es presupuesto esencial e imprescindible de la Política Criminal.

Siendo así las cosas, como en verdad se tiene que lo son, deriva como lógica consecuencia la necesidad imperiosa de re-elaborar los programas mínimos a desarrollar en la cátedra criminológica, sobre los cuales, como quedó dicho atrás, poco o ningún consenso existe en la doctrina nacional o extranjera.
Y como paradigma de este último aserto, baste el efecto cotejar los escasos trabajos de CRIMINOLOGIA existentes hoy día en el medio colombiano, entre los que cabría destacar los manuales elaborados por el trágicamente desaparecido Dr. ALFONSO REYES ECHANDIA, así como los de sus discípulos ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON y EMIRO ANDOVAL HUERTAS, para constatar que no existe concor· dancia ni correspondencia entre los programas de cátedra por ellos respectivamente elaborados. Empero, contrario a lo que pudiera pensarse, no se trata aquí de una problemática conjugable tan sólo respecto e la doctrina criminológica nacional, pues que otro tanto se observa en la doctrina xtranjera, en donde una simple revisión a los índices temáticos esbozados en las obras de autores como MANUEL LOPEZ REY, LUIS RODRIGUEZ MANZANERA o HANS GOPPIN· GER os revelará idénticas conclusiones.

No obstante, y muy apesar de las muy notorias y prominentes disparidades criteriológicas que permean la labor criminológica a nivel mundial, especialmente en cuanto hace a la elaboración de un programa de cátedra universitaria, tras muchos a saber, la Académica, la Cietífica, la Aplicada y la Analítica, diremos que el presente no es más que un ensayo de CRIMINOLOGIA ACADEMICA, encaminado no sólo a la exposición de lo que se ha hecho y dejado de hacer en CRIMINOLOGIA, sino a brindar una modesta colaboración en aras de la plena configuración de un programa mínimo para desarrollar en la cátedra universitaria especializada, a tiempo que de una re-evaluación y reconocimiento al valor y alcurnia años de infructuoso estudio y trabajo; los profesores de la materia han comenzado a coincidir en algunos puntos básicos que deben y tienen que incluírse en un programa mínimo para desarrollar en la cátedra, tal y como lo pone de presente PEREZ PINZON (2) en la Presentación de la Primera edición de su obra, siendo el primero de ellos el que hace referencia a la evolución histórica que esta disciplina ha experimentado.
Por ello, partiendo de las enseñanzas de LOPEZ REY (3), para quien el "Conjunto Criminológico" admite la introducción de 4 clases de CRIMINOLOGIA, en el campo jurídico-penal, pero más aún, de la Política Criminal, está llamada a desempeñar la CRIMINOLOGIA. 

l. LOS ANTECED'ENTES CRIMINOLOGICOS: LA ESCUELA CLASICA DEL DERECHO PENAL

1.1. INTRODUCCION
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Doble es el cometido que nos proponemos con la rev1s1on que aquí evocamos de la Escuela Clásica del Derecho Penal: El primero, auscultar a cabalidad la escuela en comento, en aras de comprender fielmente el antecedente ideológico inmediato de la Escuela Positiva del Derecho Penal, a la luz de la cual puede decirse que en verdad obtuvo carta de ~xistencia la CRIMINOLOGIA. Y el segundo, atender el criterio expuesto por BARATTA (4), siguiendo en ello a DAVID MARZA y FRITZ SACK, según et cual la denominada Escuela Clásica del Derecho Penal observa gran trascendencia y significado para el desarrollo histórico de la CRIMINOLOGIA, especialmente en cuanto hace con la fase actual de revisión crítica de sus fundamentos: No obstante que los postulados de la escuela liberal clásica son bien diferentes de los que caracterizan la Nueva Criminología, algunos principios fundamentales en que aquella se inspiraba han recibido una nueva significación de actualidad en el ámbito de la reacción polémica frente a la CRIMINOLOGIA de orientación positivista y al paradigma etiológico.

La Escuela Clásica, que fué así denominada por ENRICO FERRI, con un ánimo inmerecidamente despreciativo, peyorativo, que no tiene en realidad la expresión "Clasicismo", y que es más bien lo consagrado y lo ilustre, puesto que como enseña JIMENEZ DE ASUA (5), "FERRI quiso significar con este título lo viejo y lo caduco", sistematiza el acervo teórico elaborado desde CESARE BECCARIA, enriquecido por otros juristas del siglo XVIII, respondiendo a la ideología liberal basada en un "orden natural" impuesto a los hombres y a las sociedades.

Entre estos juristas descuellan GAETANO FILANGIERI, MARIO PAGANO, PELLEGRINO ROSSI, GIOVANNI CARMIGNANI, FRANCESCO CARRARA, PIETRO ELLERO y ENRICO PESSINA. Con todo, debe reconocerse que no existió, en puridad, unidad de pensamiento y de ideología entre los diversos autores citados~cuyos puntos fundamentales de contacto, a decir de FONTAN BALESTRA (6) radicaban en la adhesión a la doctrina del Derecho Natural, en el empleo del método deductivo-especulativo, y en la preocupación constante por fijar el límite adecuado al Derecho de Castigar por parte del Estado, motivo por el cual eran contrarios a la crueldad innecesaria de las penas. Más aún, con el propio FONTAN BALESTRA (7) habremos de reconocer que resultaría inútil buscar una unidad de doctrina o un cuerpo armónico de principios coherentes tras el rótulo de "Escuela Clásica", por la sencilla razón de que ninguna escuela se denominó a sí mismo Clásica, nombre que hubiera sido estimado orgulloso en demasía. Además, debe decirse que fueron muchas las tendencias reunidas bajo ese título, en las que por oposición a la Escuela Positiva, pudo verse una serie de caracteres comunes. Por ello, y a fin de evitar equívocos, remitiremos nuestra revisión de la llamada Escuela Clásica del Derecho Penal a la exposición realizada por el maestro FRANCESCO GARRARA, con quien dicha corriente alcanzó su más elevado grado de perfección (8).

La Escuela Clásica del Derecho Penal se desarrolló sobre la base de la "Ilustración": todos los hombres eran libres, iguales, racionales (9) y podían, por ello, actuar responsablemente como individuos.
De todos modos, la autorresponsabilidad es restringida en tanto se parte del hecho de que todo individuo, desde su potencial de comportamiento está siempre en condiciones de comportarse de un modo que podríamos llamar desviado, si bien, en última instancia, son condiciones específicas las que lo llevan a observar tal comportamiento. No hay, pues, diferencia entre el criminal y el que respeta la ley, salvo la del hecho: Por tanto, en el centro de los análisis teóricos de la Escuela Clásica del Derecho Penal no está el actor sino el acto (10).